"ella deseaba que fuese un niño; sería fuerte y moreno y se llamaría Jorge. La idea de tener un varón era para ella como el esperanzado desquite de todas sus pasadas impotencias. El hombre, al menos es libre y puede entregarse a las pasiones, recorrer países, vencer obstáculos, gustar las más lejanas felicidades. La mujer, en cambio se siente aherrojada de continuo. Blanda e inerte a un mismo tiempo, tiene en su contra las debilidades de la carne, junto con los rigores de la ley. Su voluntad, como el velo de su sombrero, que un cordón sujeta, palpita a todos los vientos y siempre se da en ella junto al deseo que arrastra, la conveniencia que coarta".
Emma es, al igual que Ana Sergeyevna, una mujer "gris" que encuentra en su vida únicamente un vacío incapaz de llenarse con la cotidianidad. La mujer se ve subyugada a los designios de la sociedad; una sociedad que la encasilla como una caricatura y que la lleva a la desesperación y la sosobra. "... mujeres, como la suya, que amaban con frases superfluas, afectadas, histéricas, con una expresón que hacía sospechar que no era amor ni pasión, sino algo más significativo; y de dos o tres más, hermosas, frías, en cuyos rostros sorprendió más de una vez destellos de rapacidad, el deseo obstinado de sacar de la vida aún más de lo que ésta podía darles".
Masha
sábado 17 de mayo de 2008
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